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Aceite esencial de Geranio Del Congo Bio

El truco del día

Aceite esencial de Geranio Del Congo Bio

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En una tierra devastada por las guerras tribales, Charles N. decidió un día que las plantas aromáticas podían cambiar su vida. Al regresar de su exilio en Uganda, crea una granja ecológica. La quiere integrada en el medio ambiente y en el tejido social de la aldea. Así empezó la maravillosa historia de un aceite esencial de geranio excepcional en todos los sentidos.

Estamos en el Ituri, en el este de la República Democrática del Congo. Una guerra ha devastado la región durante más de 10 años.

En el 2003, Charles huyó a Uganda con toda su familia. Cuando vuelve al sitio que dejó atrás hace tanto, solo encuentra ruinas.

Durante estos años de exilio, Charles tuvo la oportunidad de trabajar un poco en una plantación de plantas aromáticas. Aprende los conceptos básicos del oficio y su recorrido está también marcado por algunos grandes encuentros. En ese contexto, comprende que la demanda global de aceites esenciales está creciendo rápidamente.

Con su regreso al Congo en 2009, Charles y su esposa recuperaron la concesión de tierras que cultivaban antes de irse. Estaba en malas condiciones y parcialmente ocupada por personas desplazadas.

Comenzaron a criar pollos. Los pequeños ingresos que sacaban del negocio les hizo financieramente independientes. Poco a poco, la explotación renace de sus cenizas y la pareja puede cumplir con su sueño de volver a vivir en la tierra de sus antepasados.

Al volver de Uganda, Charles trajo con él unos esquejes de geranio bourbon, una flor originaria de la isla de la Reunión, que ya se cultivaba en Ituri durante la época colonial.

Con la ayuda de Walter, un consultor que conoció en su exilio en Uganda, decidió comenzar una plantación.

¡El cultivo arrancó con fuerza! El éxito fue tal que incluso se podían hacer dos cosechas al año.

Gracias a varias colaboraciones técnicas y financieras, se montó una destilería piloto. En aquella época, una empresa del sur de Francia estaba buscando asociarse con un proveedor que fuera capaz de cultivar aceites esenciales de muy buena calidad. Las sinergias entre los futuros socios eran obvias y el acuerdo se concluyó para el bien de todos.

Además, una financiación de BTC, la agencia belga de cooperación para el desarrollo, ha permitido que la granja sea auditada cada año por el Institut für Marktökologie (IMO). Así, la Cooperativa tiene el certificado de cumplimiento de las normas de la agricultura ecológica.

Una producción en armonía con su entorno

Si los éxitos son numerosos, Charles recuerda la fragilidad del proyecto: "Seguimos siendo muy dependientes de las lluvias en el momento de la cosecha". Además, los conflictos interétnicos siguen sacudiendo la región. Las tensiones entre las comunidades Hema y Lendu reviven regularmente.

Sin embargo, las superficies de cultivo siguen aumentando. Junto con la concesión de uno de sus primos, la granja tiene ahora 200 hectáreas, de los cuales 80 son para el cultivo de plantas aromáticas. No pueden ir mucho mas allá de eso si quieren mantener la cooperativa en armonía con su entorno.

En la granja, los principales cultivos son el plátano, el maíz, la batata y la piña. Los animales (pollos y ovejas), que producen huevos y carne, también proporcionan fertilizantes y necesitan 60 hectáreas de terreno.

Se sembró 5 hectáreas de Eucalyptus citriodora en riberas. Estas proporcionan la leña necesaria para la destilería y de sus ramas se produce aceite esencial. Además, hay 20 hectáreas de reserva natural para mantener la biodiversidad, un santuario en el que se han establecido enjambres de abejas.

Las mujeres crean y organizan un fondo social

Hoy, la cooperativa da trabajo a 150 personas. El 80% de los empleados de las plantaciones son mujeres, en su mayoría madres solteras. Proporcionarles ingresos es uno de los objetivos prioritarios de la cooperativa.

En el 2013, nació una asociación de productores cuyo objetivo es promover el cultivo de plantas aromáticas y la formación de los trabajadores. Esa misma asociación organiza un sistema de seguridad social para sus miembros. También apoya los proyectos de la comunidad mediante un fondo social. Está gestionado por las mujeres. Una cuarta parte del dinero recaudado sirve para el dispensario y el salario de la enfermera. En teoría, solo atiende al personal técnico, a los miembros de la asociación y a sus familias. ¡En total, más de 1.500 personas benefician de este servicio! Los otros tres cuartos del fondo se gastan en educación: 200 niños pueden ir a la escuela mediante esta financiación. Un comité asegura también el respeto de los derechos laborales dentro de la concesión.

Finalmente, los trabajadores se benefician de condiciones realmente ventajosas ya que más allá del salario, reciben una contribución del Fondo Social y una parte de la prima pagada por la ONG Fair for Life.

Además, los trabajadores pueden recibir financiación para proyectos socioeconómicos. Así, desde julio de 2015, el 70% de las trabajadoras han comprado animales para comenzar una cría. Una veintena de mujeres han puesto un techo de hierro sobre su casa. Algunas han invertido en el alquiler de una pequeña parcela para cultivar café, mientras que otras han iniciado un pequeño negocio, la mayor parte consistiendo en la venta de judías.

Un futuro entre confianza y vigilancia

El “Trade for Development Centre” de la Cooperación Belga (TDC) también participó en el proyecto, con el fin de duplicar la producción de aceites aromáticos y el número de beneficiarios.

Se añadió una segunda unidad de destilación a la destilería. Ahora puede procesar hasta cinco toneladas de plantas por día.

En vista del buen funcionamiento de la nueva instalación, la cooperación belga financió un segundo proyecto para diversificar la producción de aceites. Han plantado progresivamente un total de cinco hectáreas de tomillo, y los primeros resultados son prometedores.

La flor de Tagete, conocida por su aroma y cualidades repelentes de insectos, también parece tener un cierto potencial. Además, se están haciendo pruebas con el "árbol de té", un arbusto australiano que podría sembrarse en una treintena de hectáreas.

En conclusión, el proyecto, aunque frágil, es viable y está bien orientado. La producción aumenta y se diversifica lentamente. Sobre todo, se consigue mantener la harmonía con el medio ambiente. Si la sabiduría de los hombres y de la naturaleza le acompaña, ¡el proyecto seguirá con certeza en el futuro!